DE CANILLITA A GERENTE DE COOPERATIVA

 

 

Yadira Illescas, Ambato (Tungurahua)
Voceaba los periódicos en su cochecito en el centro de Ambato.  Allí, Ángel Rodrigo Llambo Chalá soportó sol y lluvia hace once años para tener sus propios ahorros, enfrentándose al ‘racismo’ que en aquella época todavía estaba ‘enraizado’,  pero el esfuerzo valió la pena.
Hoy, sin perder la esencia de sus raíces, luciendo su poncho rojo y su vestimenta blanca de los chibuleos, él ya no vende diarios. Desde una lujosa oficina dirige la gerencia de su propia cooperativa de  ahorro y crédito denominada Chibuleo, con una gran aceptación de clientes en Tungurahua. 
Junto a EXTRA recorrió varias calles donde pasó cinco años como canillita para recordar aquellos tiempos en los que vendía 350 ejemplares por día. Tomó varios periódicos y los comenzó a vender. La gente lo observaba extrañada. No podían creer que el gerente de la empresa Chibuleo estuviera vendiendo periódicos. 
Ángel Rodrigo tenía 18 años cuando empezó ese oficio. Lo hizo por necesidad y después lo convirtió en un negocio. Se graduó de bachiller en Informática, pero no consiguió trabajo para seguir sus estudios universitarios.
“Esa etapa fue de aprendizaje, allí me formé como administrador y debía vender más periódicos para tener ganancias”, dijo, mientras sus ojos se enrojecían por la nostalgia de aquellos días.

Tocaba madrugar

Ángel salía a las 05:00 de su barrio La Libertad, en Chibuleo San Alfonso, parte alta de Ambato. Una hora después recogía los periódicos para vocearlos. Sus padres lo apoyaron hasta que terminó la secundaria. Con sus labores en el campo y con la venta del periódico se costeó la universidad.
No solo voceaba, vendía ajo y trabajó como peón en la crías de animales menores en el terreno de sus progenitores. Era ‘todo terreno’. 
“Este chico se las ingeniaba y buscaba nuevos clientes”, recuerda Luis Pérez, uno de sus buenos amigos. 
Ser canillita fue su oportunidad para relacionarse con muchas personas, que después se convirtieron en sus clientes en la cooperativa. 

Formó su empresa
Hace 14 años, Christian Chalá fue a ver a su primo Ángel a la calle Lalama y le pidió que lo ayude a buscar trabajo. El canillita en ese entonces le expuso la idea de formar una empresa. “No dudé, como no tenía trabajo y quería un buen futuro, lo apoyé desde el inicio”, dijo Chalá, quien ahora es el gerente de marketing.
Iniciaron con 32 socios, después quedaron 20 (los fundadores), todos jóvenes entre 18 a 23 años.  Conseguir la personería jurídica les tomó seis meses.
Ángel confiesa que tuvo miedo y quería renunciar, sus amigos lo apoyaron. Para empezar  cada socio aportó con 500 dólares de cuota, dinero que debían reunirlo en seis meses y para eso los jóvenes vendían los conejos de sus padres, trabajaron como meseros y peones. Para Ángel, el respaldo de sus amigos fue fundamental. 
La venta de los periódicos se alternó con el trabajo de la gerencia durante dos años más. “Muchos créditos los aprobé en la calle. La gente me preguntaba por qué trabajaba de canillita si tenía una cooperativa”, expresó.

Pillos le ‘inauguraron’ el negocio

Todo parecía alegría. A la semana de abrir la entidad, y con 1.800 dólares de capital, les robaron. Nada lo detuvo y el 10 de marzo del 2003  ‘nació’ la cooperativa Chibuleo.
Junto con su hermana Martha, su primo Christian y su amigo Darwin empezaron a atender en la cooperativa que hoy tiene 107.000 socios, tanto mestizos como indígenas, además de sucursales en Riobamba, Salcedo, Latacunga, Machachi y Sangolquí. 
Trabajan 120 personas, con una cartera de 58 millones de dólares, un activo de 70 millones y un patrimonio de 9 millones 400 mil dólares. 
“Tenemos un edificio ecológico y el talento humano joven muy preparado”, dijo Llambo.
Ángel, de 34 años, tiene una meta: a los 45 años llevar su empresa al mercado internacional. 
Es padre de Kerly, de 9 años, y Érick, de 4. Su esposa Diana Caiza, de 28 años, ha sido su motor.